¿Por qué construir cuándo es más interesante recuperar?

Cuando uno transita los espacios del medio rural extremeño, puede observar el paisaje sembrado de ruinas de antiguas edificaciones tradicionales caídas en el olvido.

Estos esqueletos vivientes corresponden, casi siempre, a antiguos inmuebles que  cumplían una función asociada al espacio donde fueron construidas.

Naves de aperos, molinos, antiguas instalaciones agropecuarias y hortofrutícolas daban cobijo y servicio a los diferentes agentes que actuaban en el territorio.

Otras veces, estas construcciones servían de refugio para pastores, o formaban por unión de varios edificios un complejo con función residencial y laboral al mismo tiempo (el cortijo como paradigma del modelo agrario en la dehesa).

El avance tecnológico y la mejora de infraestructuras lineales (carreteras, caminos forestales, etc.) han acercado los núcleos poblacionales al ecosistema natural y a la explotación del mismo, lo que también ha producido que la mayoría de estas pequeñas construcciones hayan caído en desuso y, con el paso del tiempo, en la desidia y la posterior ruina.

El siglo XXI  abre nuevos horizontes para el territorio extremeño y  la ocupación de este medio rural no protegido y desde TERRA PRIMA, nos preguntamos… ¿Y si recuperáramos esas construcciones como espacios residenciales en vez de construir nuevas?¿Podrían reconstruirse esos inmuebles y ser adaptadas a las necesidades actuales? ¿Merece la pena rehacer inmuebles que se encuentran en estado ruinoso?

La LEY 15/2001, de 14 de diciembre, del Suelo y Ordenación Territorial de Extremadura (LSOTEX), a partir de las modificaciones aprobadas en la LEY 10/2015 del 8 de abril, es clara al respecto y flexibiliza la posibilidad de reconstrucción de inmuebles en suelo no urbanizable (siempre que sea SUELO NO PROTEGIDO, por ejemplo), abriendo así un nuevo horizonte para la recuperación del paisaje tradicional de una forma respetuosa y sostenible.

Y es que no se puede olvidar que una de las principales ventajas de reconstruir inmuebles tradicionales es que la mayoría están ubicadas en lugares estratégicos.  La forma de construcción tradicional recoge de forma implícita el saber transmitido de forma oral  durante generaciones y, a pesar de que se contaba con recursos materiales limitados, ciertas consideraciones  como la orientación respecto al sol, la carga de viento, las escorrentías del terreno y el nivel freático, entre otras, eran elegidas minuciosamente y respondían a la problemática ambiental propia de nuestra tierra. En definitiva, se construía teniendo en cuenta el entorno para conseguir así aclimatar debidamente la edificación.

Desde el punto de vista del triple balance, podemos asegurar que reconstruir es mucho más sustentable y responsable con el medio rural que la nueva construcción.

Debido a que la huella constructiva de dichas edificaciones ya existe, el mero hecho de reconstruir un volumen acotado nos proporciona la reutilización de un espacio en desuso, mientras que la implantación de nuevas edificaciones conlleva la adaptación total de un espacio natural que no presenta ningún uso previo. Es decir, reconstruir es devolver a la vida espacios perdidos por el tiempo.

Sin duda, este es uno de los retos principales de TERRA PRIMA, ¿te atreves a ser nuestro compañero de viaje?

Alfonso Lara LLanos

Alfonso Lara LLanos

Arquitecto afincado en Badajoz. DEA en construcciones arquitectónicas y especialista en construcción tradicional. Máster en desarrollo rural.
Ha trabajado en varios estudios de arquitectura y se dedica al ejercicio libre de la profesión desde 2008. Es director técnico de la cooperativa TerraPrima.